Sunday, October 01, 2006

La guerra no es la respuesta

La guerra no es la respuesta

Cuando la humanidad se conmueve por las imágenes de una nueva guerra, tan atroz como todas las guerras, y los supuestos líderes mundiales intentan justificar sus acciones con conceptos tan abstractos como “ataque preventivo” o “daños colaterales”, Daisaku Ikeda señala que el verdadero poder para crear un nuevo mundo se encuentra en el diálogo entre los pueblos.
(Lo que sigue es una traducción tentativa de un fragmento de “Una ética global de la coexistencia: Hacia un paradigma ‘acorde con la vida’ para nuestra época”, la propuesta de paz presentada por el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, el 26 de enero de 2003.)
Ya han pasado tres años desde que se inició el siglo XXI, una época cuyos temas clave deberían ser la cultura de paz y el diálogo entre civilizaciones. Sin embargo, en franco contraste a esos ideales de paz y de diálogo, el mundo está signado por un amenazador sentimiento de crisis, dado el peligro cada vez mayor que se cierne sobre ciertos puntos, como Medio Oriente y el nordeste asiático. Lejos de vernos libres del ominoso legado de un siglo XX marcado por la guerra y la violencia, vemos que esa peligrosa tendencia continúa expandiéndose cada vez más rápidamente. Las grandes esperanzas con las cuales recibimos el nuevo siglo se han desvanecido y han sido reemplazadas por un prevaleciente sentido de frustración y desesperanza. Lo más inquietante es el sentimiento de que el mundo parece estar dándole la espalda al diálogo —la buena voluntad de comprometerse y dialogar—, que afirma la vitalidad del espíritu humano.
Mientras el mundo contiene el aliento, la mayoría de las personas anhela la conciliación dentro de la crisis en Irak. Sin embargo, por alguna razón, se considera que un ataque de los Estados Unidos resulta inevitable. Con respecto al conflicto entre los israelíes y los palestinos, que es el centro de las tensiones en Medio Oriente, los bombardeos suicidas y las contraofensivas [de parte de unos y de otros] han venido incrementándose desde comienzos del año, en un círculo vicioso de fuerza militar contra más fuerza militar. […]
Una brecha crítica Estos sucesos me recuerdan la apocalíptica advertencia del doctor Arnold Toynbee hacia la humanidad, expresada en nuestro diálogo, realizado hace treinta años.
El rasgo más alarmante de la sociedad de nuestros días es que el poder que brinda la tecnología ha aumentado recientemente hasta una medida sin precedentes y a un ritmo también sin precedentes; en tanto que la escala de la conducta moral —o inmoral— de los hombres que ahora esgrimen ese poder bastamente incrementado permaneció estancada o, tal vez, en realidad, haya declinado. Tenemos conciencia de que es cada vez mayor la brecha que se abre entre el poder y las normas éticas de conducta. Esa brecha se nos reveló dramáticamente en el descubrimiento de la técnica de la fisión atómica […]. Es difícil ver de qué manera, en la era atómica, la humanidad podrá evitar el suicidio en masa si no eleva su conducta hasta la que alcanzaron Buda y San Francisco de Asís.
El doctor Toynbee sostenía que las normas éticas —el poder del espíritu totalmente comprometido con la no violencia corporificada por esos exponentes religiosos únicos— no pueden permanecer como inalcanzables “consejos sobre la perfección”, sino que deben ser aplicados para controlar monstruosos productos de la tecnología moderna, como las armas nucleares. […] Debemos tener en cuenta las palabras de este gran erudito, a medida que se agravan las crisis de las armas nucleares y de otras armas de destrucción masiva.
He afirmado firmemente que la misión de la Soka Gakkai en la sociedad es emplear el espíritu que surge de las profundidades de la vida para batallar contra esas fuerzas imperantes en el mundo —la violencia, la autoridad, el materialismo—, que continúan violando la dignidad humana. En términos concretos, la esencia de dicha batalla espiritual yace en jamás perder la fe en el poder de las palabras, en permanecer comprometidos con el diálogo, sean cuales fueren las circunstancias. Eso es mucho más difícil de lo que parece, pues, tarde o temprano, confrontaremos un adversario que prefiere la violencia al diálogo, un mal que rechaza el lenguaje, que constituye el corazón de nuestra humanidad. Es entonces cuando nuestro compromiso con el diálogo sufre la mayor prueba y demuestra su verdadero valor. […] El mal no necesita que las personas a quienes destruye comprendan la naturaleza que lo anima; contrariamente, la justicia no puede funcionar sin comprensión. La justicia consta de explicaciones. Implica la necesidad de comprender a las personas malvadas y el mal en sí, para explicar por qué existen. La explicación y la comprensión son posibles a través del poder de las palabras. Sin ellas, la justicia y el bien son imposibles de lograr. […]
Pero estas dificultades […] no deben lograr que reprimamos nuestra espiritualidad, más allá de la opresiva carga que recaiga sobre nosotros. No debemos callarnos. Permitir que el bien sea callado facilita la acción del mal. Si, en efecto, somos homo loquens —elevados a la categoría de humanos gracias a la capacidad del habla— no debemos resignar nuestros esfuerzos en bien del diálogo, más allá de la magnitud de la crisis.
Continuemos la obra de rasgar los velos de la oscuridad, centrándonos siempre en el largo plazo y alzándonos por encima de las emociones en los momentos de angustia. Debemos esforzarnos con toda nuestra fortaleza de espíritu para continuar fomentando el diálogo.
Deberíamos hacerlo con la misma convicción que Ernest Hemingway (1899-1961) transmite tan vívidamente en El viejo y el mar: “El hombre no nació para ser vencido. El hombre puede ser destruido, pero no derrotado”.
La “guerra contra el terrorismo” Es obvio que los alarmantes sucesos que involucran a Irak y a Corea del Norte están directa y a la vez indirectamente relacionados con la “guerra contra el terrorismo”, lanzada tras los ataques terroristas perpetrados contra los Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001.
Con la destrucción del régimen talibán en Afganistán, la red terrorista parece haber sido desterrada de ese país. Sin embargo, dista mucho de haber sido erradicada, y se sospecha —si es que no está confirmado— de sus vínculos con los ataques a Indonesia, Rusia y Kenia. Ese tipo de guerra, desatada contra una entidad sin límites, que carece de una estructura definida de estado soberano, podría continuar librándose indefinidamente.
¿Qué clase de liderazgo se requiere en una situación tan volátil y explosiva? […] Ya sea para bien o para mal, la iniciativa para resolver la emergencia actual está en manos de los Estados Unidos, la única potencia del mundo cuyo poderío económico y militar no tiene paralelos en la Historia. Por lo tanto, debo expresar mi preocupación, compartida por muchos observadores del mundo, sobre la actitud implacable que han adoptado los Estados Unidos, mediante la cual han definido la lucha contra el terrorismo como el nuevo tipo de guerra y han instaurado ataques preventivos contra las potenciales amenazas terroristas.
Sin duda, los ataques del 11 de septiembre constituyeron un evento profundamente estremecedor, que despertó la adhesión solidaria de la comunidad internacional hacia Estados Unidos. […] Sin embargo, los Estados Unidos, junto con el Reino Unido, su único aliado militar permanente, se precipitó a atacar Afganistán, sin tener en cuenta el pedido de cooperación internacional. El “éxito” de ese cometido parece haber alentado a los Estados Unidos a dar las espaldas al principio de cooperación internacional y haberlos inclinado, aun más, hacia la unilateralidad. […] Las críticas contra dicha tendencia han aumentado tanto dentro como fuera de los Estados Unidos.
Fortaleza nacional en el siglo XXI El doctor Joseph S. Nye (h), ex secretario asistente de Defensa para los Asuntos de Seguridad Internacional de los Estados Unidos y decano de la Escuela de Gobierno “John F. Kennedy” de la Universidad de Harvard, es uno de los expertos en el tema que advierte contra esas tendencias.
El doctor Nye, con quien tuve el placer de reunirme en varias ocasiones, considera que la fortaleza nacional consta de dos elementos que deberían complementarse entre sí: el hard power (poder duro), que se manifiesta en los poderes económico y militar; y el soft power, o poder moderado, que constituye los valores y la cultura, la capacidad de conducir a otros países a buscar lo que uno busca y la capacidad de “optar en conjunto, en vez de utilizar la coerción”. El doctor Nye sostiene que la fuerza militar forma parte de la respuesta al terrorismo. Lo más importante, sin embargo, es que serán necesarios esfuerzos diligentes, una gran perseverancia y también, una estrecha cooperación con los ciudadanos de otros países para eliminar los ataques terroristas. El doctor Nye también afirma en su libro La paradoja del poder de los Estados Unidos: “El poder en el siglo XXI descansará sobre una mezcla de recursos duros y moderados. [...] Nuestro gran error en un mundo así será caer en un análisis unilateral y creer que invertir solo en el poderío militar asegurará nuestra fortaleza”.
Sus argumentos son convincentes para todos los que luchan contra la intrincada cuestión de los continuos ultrajes terroristas.
El terrorismo es absolutamente inaceptable. Incluso podría ser que la respuesta de emergencia con fuerzas armadas sea necesaria para combatirlo en ciertos casos, y no se puede negar que una actitud tan resoluta puede tener un efecto fuertemente disuasivo. Para utilizar las palabras de Max Weber, el rechazo total de la fuerza militar sería posible como una “ética personal para fines esenciales”, pero no es necesariamente realista como una “ética de responsabilidad”, una opción en el terreno político. En el caso del doctor Nye, eso puede comprobarse por el hecho de que una vez ocupó un puesto importante en el Pentágono.
Creo que para que el hard power, en especial, el poder militar, produzca resultados concretos sin caer en un ciclo de odio y de venganza, quienes lo poseen deben ejercitar la moderación y el autocontrol —la fuente misma del poder moderado—y continuar desplegando esas cualidades incluso si el empleo del poder duro fuese absolutamente inducido por las circunstancias.
El filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955) definió que “la civilización no es otra cosa que el ensayo de reducir la fuerza a ultima ratio [el último recurso]”. A lo que el autor se refiere aquí con “civilización” es la calidad del autocontrol interior puesta de manifiesto.
Desde esa perspectiva, es inevitable que se cuestione la brecha entre las acciones unilaterales de los Estados Unidos y los ideales universales que dicen profesar. La libertad, los derechos humanos y la democracia, tal como señala el doctor Nye, constituyen la esencia del poder moderado y poseen el potencial de expandir el magnetismo de ese país a medida que avanza la era de la información. Considero que lo que mejor servirá a los intereses de los Estados Unidos y del mundo entero es que esa única superpotencia ejercite un genuino autocontrol.
En relación con la amenazadora crisis de Irak, una dictadura sustentada en armas de destrucción masiva es, en efecto, un prospecto repugnante y temible. Sin embargo, los intentos por evitar esa grave eventualidad solo lograrán el apoyo sincero de los pueblos del mundo, cuando los Estados Unidos reconozcan honestamente que poseen el depósito de armas más grande del mundo. Esa nación debe demostrar una forma tangible de autocontrol, por ejemplo, mediante la disposición para apoyar un sistema universal de evaluación que ponga freno a las amenazas y para participar en él; o a través de medidas concretas y procedimientos de desarme, con el objetivo de lograr su abolición final. Tales esfuerzos son indispensables para garantizar la persuasión moral. [...] Existe la creciente preocupación de que el terrible impacto de los ataques del 11 de septiembre haya alejado de los Estados Unidos la perspectiva del entendimiento y del consenso a través del diálogo, y que esa nación haya adoptado el hard power coercitivo para sus acciones.
Las atrocidades del terrorismo indiscriminado no deben ser toleradas. Sin embargo, la confianza sincera en el hard power en respuesta al terrorismo demuestra una triste falla de la imaginación. Permitir que nos atrapen los ciclos del odio y de la venganza significa ser arrastrados al mismo nivel de los terroristas. Es perder de vista lo que Ortega y Gasset definió como civilización y retroceder hacia la barbarie. En el peor de los casos, tal cosa podría provocar una división catastrófica en nuestro mundo. Pareciera que hemos escapado de la pesadilla de la violencia y de las guerras perpetradas en nombre de las ideologías del siglo XX, solo para encontrarnos hoy bajo el dominio de otra pesadilla igualmente maligna.
Editorial Seikyo

Tuesday, September 26, 2006

KARMA

KARMA:
Por mucho tiempo la gente ha pensado que el karma se asimila a “nuestro destino”.Tomando la palabra destino como algo que ya está marcado y es irremediable
Es un pensamiento que ha influenciado la mente y el corazón de los seres humanos, y algunos piensan que el destino es algo que es imposible cambiar y otros, aunque dicen no creer esto mantienen la noción de que es muy difícil cambiar por sí mismos.
Se mantienen en la duda: sí, tu puedes cambiar y cuando concurren a los quirománticos y/o prueberas, piensan que sí pueden cambiar, pero no tienen idea de cómo.
Con este concepto, desarrollamos así una actitud muy profunda de incapacidad (me resigno porque pienso: ya es mi destino, es mi karma).
y la idea de que es la voluntad de alguien que controla nuestro destino es un escape y un consuelo al concepto de esa incapacidad de cambiar nuestro destino. Como no soy yo quien controla la situación, no es tan mía la culpa de lo malo que me está pasando
El budismo da una solución a este sufrimiento humano. Nos enseña que la causa de nuestros sufrimientos no yace en fuerzas o situaciones externas, sino dentro de nosotros mismos.
Por lo tanto, el budismo enseñaza que la causa y la solución del sufrimiento humano yace dentro de la misma vida de la persona que está sufriendo.
Karma es una palabra sánscrita que significa acción. Se refiere a los actos, palabras y pensamientos que produce una persona.
El concepto de karma se relaciona con la ley de causalidad, es decir, causa y efecto. Todo acto: pensamiento, palabra y acción es una causa que realiza una persona y que genera efectos latentes. Si la causa es positiva, genera efectos positivos, y si la causa es negativa, genera efectos negativos. Esta ley de causa y efecto es inexorable. Es una ley, es como la ley de la gravedad, no importa que uno conozca o no… (las cosas se caen)
Es decir que no hay ningún ser externo o divino que castiga o premia, sino que es el efecto generado por la misma persona.
La enseñanza del karma es muy importante porque marca un punto de superación del budismo con respecto a las doctrinas no budistas. ( es decir, mi vida depende de mí mismo, y de nadie más, la responsabilidad absoluta de mi vida es mía, y yo decido qué quiero hacer con ella)

Si no existiera el karma, todos los seres vivientes tendrían que nacer en igualdad de condiciones, tanto internas como externas, y no habría ninguna forma de justificar las diferencias de los destinos individuales.

Hay dos clases de karma: el mutable y el inmutable.
El karma mutable es aquel que puede ser variado con un esfuerzo tenaz y cuyos resultados son variables, simplemente según las condiciones externas. (Ej.: tengo frío-me pongo un saco- ya no tengo frío. Quiero ganar mejor- trabajo más arduamente- gano más.) Son karmas cuyas causas acabo de realizar, y cuyos efectos ya no más se manifiestan por lo tanto son fáciles de solucionar, o de vencer, o de superar)

El karma inmutable es el que produce resultados fijos o inamovibles, ya sea por la forma o el momento en que se producen.
Es muy difícil, aun esforzándose mucho, que uno logre cambiarlo. Generalmente es el resultado de la repetición de ciertas acciones, buenas o malas, que a fuerza de reiterarse, se fijan como hábitos, que hacen que sus efectos también se repitan.
(Siempre estoy repitiendo los mismos patrones de comportamiento y por lo tanto se va fijando un efecto. Es decir frente a algo que me pasa, yo siempre me comporto de la misma manera, entonces ese resultado ya aparece siempre en mi vida aunque parezca que yo no estoy haciendo nada para generar lo que me pasa)

Veamos ahora en qué plano de nuestra vida está el karma.

Dentro del pensamiento budista existen nueve clasificaciones para las funciones espirituales de la percepción y el discernimiento. Se denominan las nueve conciencias: Las cinco primeras conciencias corresponden a los cinco sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. (Son mi contacto con el exterior, es decir que por medio de los cinco sentidos yo percibo lo que está sucediendo en mi entorno)
La sexta conciencia organiza las percepciones de los cinco sentidos en imágenes coherentes (es decir, yo quito una conclusión de lo que está pasando) y elabora juicios acerca del mundo externo. Por ejemplo, si alguien toma contacto con un objeto hermoso pero que huele mal, naturalmente sentirá rechazo por él. Tal juicio se genera en la sexta conciencia. Todos los seres vivos dotados de una sistema nervioso central, sea este simple o complejo, poseen la sexta conciencia. (por ej. El bicho que uno le toca levemente y se enrosca)… y se amplía aun más… el yukerí, y sus plantitas parientes (los que tenemos juventud acumulada recordaremos un dicho emboty la oke hake ou pa’i se cierran sus hojitas

La séptima conciencia denota el poder de pensar y de reflexionar. Mediante conceptos o sistemas de pensamiento que están más allá de la percepción de los cinco órganos de los sentidos, se puede ponderar cuidadosamente la orientación de la existencia y el significado de los fenómenos relativos a la vida diaria, para actuar en consecuencia. (Mi propio concepto de las cosas, mi filosofía, mi religión),
Este nivel de conciencia incluye la percepción del yo y la identificación con él, asimismo implica la capacidad de distinguir entre el bien y el mal.

La octava conciencia se denomina alaya. El término significa “depósito”. Lo que indica que todas las experiencias de la vida presente y de existencias pasadas –el karma- están almacenadas en esa conciencia. La totalidad de las acciones y experiencias vitales que se generan en las primeras siete conciencias se acumulan como karma en la conciencia alaya, que, al mismo tiempo, ejerce su influencia en las actividades de la séptima conciencia.
El concepto freudiano del inconsciente tiene una cierta similitud con este principio. El inconsciente acumula las impresiones percibidas por la mente y, simultáneamente, origina nueva actividad mental.
Todas las acciones de la vida, que responden a la ley de la causalidad, surgen del ámbito de la octava conciencia. Esta constituye el marco en que se desarrolla una existencia individual.

La novena conciencia, fundamento de todas las funciones espirituales, es la conciencia amala. El término amala significa “pura” “inmaculada”. Así como la conciencia alaya contiene impurezas “kármicas” la conciencia amala, que yace en las profundidades más recónditas de la vida, se mantiene prístina, libre de cualquier mancha turbia proveniente de existencias pasadas. Nichiren Daishonin definió la novena conciencia como Nam-myoho-rengue-kyo, es decir, la naturaleza fundamental de Buda, que se extiende desde el infinito pasado hacia el futuro eterno. (Significa que el karma es el resultado de una actividad previamente concebida…, pero el estado de buda extraemos de un lugar limpio de cualquier interferencia, (la palabra prístino…).

(Conlusión para terminar sobre karma)

Con este nuevo conocimiento sobre el karma llegamos a una muy importante y actualizada conclusión:
El karma ya no es algo del pasado que marca mi presente. Para el Budismo de Nichiren Daishonin el karma es algo del presente que marca el futuro. Por esto ahora utilizaremos el karma como la victoria del momento actual. (Ahora yo tengo que decidir cómo me va ir en mi futuro, ahora yo voy a decidir cuál va a ser la corrección de mi rumbo. (CONOCETE A TI MISMO)
Karma es la garantía de que si uno triunfa el día de hoy, como efecto sin falta va a ser feliz.

Karma es futuro.



BENEFICIO
Todos los beneficios que se conocen como "mundanos" se manifiestan como prueba concreta de felicidad, en la misma medida en que hemos podido elevar nuestro estado de vida. Eso concuerda con el principio de inseparabilidad de la vida y su entorno; que establece la estrecha relación entre el individuo y su ambiente circundante, y señala que el segundo (el entorno) es "un reflejo" del primero (la vida).
Beneficio no es algo "concedido" externamente, se puede alegar que se genera desde dentro de la propia vida. Es algo inherente a la acción positiva.

Pretender obtener beneficios desde afuera de la propia vida sería como si alguien quisiera que un espejo lo reflejara rubio, o con los ojos claros o la nariz pequeña, aunque esa persona no poseyera ninguna de tales características. Solo podrá obtener el beneficio de estar más lindo, es decir, producir el bien, a través de corregir lo que siente que lo afea –afeitarse o dejarse crecer la barba, maquillarse el cutis -, lo cual equivaldría a eliminar el mal. Y la utilidad del espejo sería permitirle verse para embellecerse.

Es por ello que, básicamente, elevar nuestro estado de vida es el fundamento de todos los beneficios.


Hay una concepción generalizada que entiende que beneficio debe ser algo concreto, material, algo que debe poder verse: una casa más grande, un auto más nuevo, la pareja deseada, etcétera.

Otra perspectiva más espiritual sostiene que desear beneficios materiales es "vivir siempre pendiente de tener esto o aquello"; que, de esa forma, el consumismo invade nuestra sociedad; y que, en definitiva, tener más o menos cosas no aporta felicidad. Para esa gente, los verdaderos beneficios son los espirituales, llámese: amor, tranquilidad, paz interior, plenitud.
Generalmente, las personas tendemos a pensar de manera dicotómica: o es esto, o es aquello.
El Budismo rechaza cualquier abordaje parcial del tema.
A la luz de esta filosofía, la vida tiene aspectos tanto materiales como espirituales, y ambos elementos no se pueden separar.
Entonces, hemos arribado a la punta del ovillo: no tiene sentido seguir preguntándonos si esto o aquello es un beneficio, o por qué no surge el beneficio, o si tenemos buen karma o mal karma.
Para la persona de fe sólida, todo es beneficio. No son las circunstancias las que deciden si las cosas son buenas o malas; las circunstancias son neutras, y es nuestra actitud hacia ellas lo que les brinda un valor positivo o negativo. La sabiduría para obtener esa actitud existe solo en la fe
Un punto muy importante para considerar es si nuestra acción cotidiana es una causa que puede generar beneficio. Continuando con la óptica budista, existen tres condiciones que deben concurrir en nuestras acciones cotidianas para grabar ese karma inmutable:
1. voluntad clara;
2. continuidad en la acción;
3. acción en bien de los demás.
Las dos primeras condiciones pueden generar tanto karma positivo como negativo. Solo cuando se suma la tercera condición (en bien de los demás), nuestros actos sin falta son fuente de valor o beneficio.
De esa manera, ( por efecto de este comportamiento) podremos establecer la Budeidad como nuestro estado básico de vida; es lo que se denomina hacer nuestra "revolución humana". En dicho estado, no hay circunstancia que nos pueda doblegar; por el contrario, somos capaces de abarcar e influenciar a todo lo que nos rodea. Avanzar en la propia revolución humana es el gran beneficio de la práctica budista.

Monday, September 25, 2006

Reflexiones sobre la paz

Discurso pronunciado 25-12-93, Japón)
Reflexiones sobre la paz
Por Daisaku Ikeda

No importa qué justificaciones se planteen, desde mipunto de vista, es absolutamente imposible algo comouna guerra justa y correcta. Algunas personas que han visto guerras en películas oen la televisión se pueden haber impresionado poréstas sintiendo que eran atractivas y que los actorestenían glamour y parecían valientes. La realidad de la guerra, sin embargo, escompletamente diferente. Es cruel y sucia y llena detristeza y miseria. Cualquier persona que haya vividouna guerra sabe que jamás debe repetirse. Yo presenciémás que suficiente el horror de la guerra cuando erajoven, vivía bajo los ataques aéreos en los cuales losexplosivos y bombas incendiarias llovían. Vagando enun mar de fuego, angustiado al extremo por mi familia,sintiendo una terrible tristeza e impotencia, veía alas personas morir a mi alrededor. No importa qué justificaciones se planteen, desde mipunto de vista, es absolutamente imposible algo comouna guerra justa y correcta. La guerra trata a los seres humanos como medios paraun fin y sólo produce sufrimiento y calamidad a laspersonas comunes, a las familias y a las madres. Cadapersona que ha muerto en una guerra era un serirremplazable e invalorable, el padre, el hijo o elamigo de alguien. Por eso debemos siempre oponernos ala guerra. Todas las rivalidades y conflictos debenser resueltos con sabiduría y diálogo sostenido y nomediante el poder. Es una tentación creer que las guerras las comienzanlos estados o una alianza entre países. Sin embargo,de hecho, las guerras comienzan gracias a lasfunciones del corazón humano individual. El budismoenseña que la guerra es el resultado de la ira y elegoísmo A fin de superar la amenaza de la guerra,debemos conquistar y subyugar la naturaleza egoístaque habita en todo corazón humano. Los desastres naturales como las inundaciones o losterremotos no pueden ser prevenidos mediante la razóno sabiduría humana. Pero los problemas que han sidocausados por los seres humanos pueden ser resueltospor ellos mismos. En su libro No Más Guerra, el dos veces ganador delPremio Nobel, Linus Pauling, escribió: "Yo creo queexiste un poder en el mundo que es mayor que el podermaléfico de la fuerza militar, o de las bombasnucleares- existe el poder del bien, de la moralidad ydel humanismo. Yo creo en el poder del espírituhumano." Yo también sostengo que un cambio interno en lasprofundidades de las vidas de las personas puedetransformar el egoísmo y suplantarlo por un humanismoamoroso, que busque la paz y la coexistencia entretoda la gente. ¿Qué es lo que impide que este "poder del bien" tengaun mayor impacto en el mundo?, ¿qué bloquea el pasodel progreso hacia la paz? En una sola palabra, es ladesconfianza. A menudo éstas tienen raíces enconflictos y rivalidades pasadas. Sin remover estemuro de desconfianza, y sin el esfuerzo de descubrirla bondad que brilla en cada ser humano, no seráposible progreso alguno hacia la paz. Cuando viajé por primera vez a la Unión Soviética enlos años setenta, la gente se preguntaba que por quésiendo líder de un movimiento religioso yo deseabavisitar un país comunista que no reconocía lareligión. Yo respondí: "Debido a que los ciudadanos dela Unión Soviética son personas, seres humanos comoyo." Deseaba de alguna forma crear nuevos caminos,transformar la desconfianza en confianza, el miedo enseguridad, esa conexión malsana con el pasado en uncompromiso hacia el futuro. En cada país que hevisitado siempre he captado cuán sinceramente la genteanhela la paz. La primera condición para establecer la paz es que lagente se conozcan unos a los otros, que comiencen acomprenderse y a apreciarse mutuamente. La manera mássegura de derretir el "hielo" de la desconfianza espromocionar la interacción entre la gente común, pormedio de reuniones, visitas, intercambioseducacionales y culturales. La gente joven que no estáatrapada en el pasado puede a menudo abrir el camino. Hace muchos años existía, la tradición entre la gentenativa del Canadá, de llevar a cabo celebracionescuando una hija llegaba a la edad del desarrollo. Doshijas de un gran jefe indio habían llegado a lamadurez y se preparaba una gran fiesta, pero llegaronnoticias de que los enemigos del norte se preparabanpara la guerra. Las hijas le plantearon al padre:"!Querido padre! Algún día seremos madres y daremosluz a hijos que crecerán para ser jefes fuertes comotú. Por su bien, por favor, invita a la gente delnorte a nuestra celebración." El jefe no podía rehusar la petición de sus hijas, deforma que, con reservas, mandó un mensaje a susenemigos y los invitó. Vinieron en gran número,trajeron a sus esposas y a sus hijos y muchos regalos.Las canciones de guerra se tornaron canciones deregocijo. Más adelante las dos hijas tuvieron un hijo cada una yse convirtieron en jefes llamados Paz y AmorFraternal. Cerca de Vancouver hay una montaña hermosaque tiene dos picos y de acuerdo con la leyenda, lasdos hermanas que amaban la paz todavía velan porVancouver hoy en día. El corazón de aunque sea una sola mujer que ame la pazes fuerte, puede cambiar la sociedad y cambiar lahistoria. Es demasiado arriesgado dejar el futuro del mundo enlas manos de los políticos. Las personas deben sersabias y tomar acción en pro de la paz. Debemosunirnos más allá de las fronteras, unirnos en nuestrorechazo a la idea de la guerra misma. Cuando laspersonas de un país se comunican con aquellos de otrospaíses, pueden crear una corriente hacia la paz. Esvital crear una red de personas que trascienda lasfronteras nacionales para que un pequeño grupo delíderes corruptos no puedan romper ese tejido deamistad y solidaridad que nos conecta. La paz nunca puede ser alcanzada con sólo esperarla.Es necesario que cada uno de nosotros, sin importarcuán débiles creamos que somos, construya en loprofundo de sus corazones un bastión para la paz queresista, y al final silencie, las incesantes llamadasde guerra. La poetisa chilena Gabriela Mistral escribió losiguiente: "Tengan coraje, mis amigos, el pacifismo noes un dulce como algunos piensan... Continúen hablandopor la paz, contra viento y marea... El pacifismo noes algo fácil. Uno no debe aceptar la injusticia ensilencio. Mis amigos, continúen levantando su vozhasta que el círculo de paz se extiende." La paz verdadera no se encuentra en las realidades dela vida. Debemos plantar las semillas de una pazfundamental en la vida diaria de los individuos, ennuestros corazones y en nuestra vida interior, ydebemos proteger y alimentar esas semillas hasta quecrezcan en la firme realidad de la paz para todos. Por lo tanto, somos nosotros los que debemos construirun mundo sin guerras. Si desistimos de ello, como sifuera una meta imposible o si continuamos retándonos,sin importar las dificultades, es de lo que dependeráel futuro del siglo XXI. ¡Que hermosa es la vida! (Primera Parte) Este texto es cortesía de la SGI Newsletter en español

Friday, September 22, 2006

Vois Sur Ton Chemin-Pappel

Sunday, September 03, 2006

Silvio Rodríguez (Canción: Te doy una canción)



http://www.youtube.com/watch?v=N1s1_DpuvdE

Silvio Rodríguez (Canción: El Necio)




http://www.youtube.com/watch?v=shDj2wAeqLc

Vanilla Mood (Haku)




http://www.youtube.com/watch?v=pmUxzU3rRrA