La guerra no es la respuesta
Editorial Seikyo
La verdadera existencia es por donde debemos conducirnos, Como seres de este planeta tenemos la obligación; en mente, palabra o acción de ejercer nuestro potencial, crear valor en cada acción y tratar de entender la vida,nuestro ambiente diaramente nos reclama que no nos divorciemos de él, por el contrario debemos de ser activamente luchadores sociales pero de esa lucha pacifica, con la que portemos la espada de la Fé de una filosofía que nos alimente bienestar. kanguro2005@yahoo.com.mx
KARMA:
Por mucho tiempo la gente ha pensado que el karma se asimila a “nuestro destino”.Tomando la palabra destino como algo que ya está marcado y es irremediable
Es un pensamiento que ha influenciado la mente y el corazón de los seres humanos, y algunos piensan que el destino es algo que es imposible cambiar y otros, aunque dicen no creer esto mantienen la noción de que es muy difícil cambiar por sí mismos.
Se mantienen en la duda: sí, tu puedes cambiar y cuando concurren a los quirománticos y/o prueberas, piensan que sí pueden cambiar, pero no tienen idea de cómo.
Con este concepto, desarrollamos así una actitud muy profunda de incapacidad (me resigno porque pienso: ya es mi destino, es mi karma).
y la idea de que es la voluntad de alguien que controla nuestro destino es un escape y un consuelo al concepto de esa incapacidad de cambiar nuestro destino. Como no soy yo quien controla la situación, no es tan mía la culpa de lo malo que me está pasando
El budismo da una solución a este sufrimiento humano. Nos enseña que la causa de nuestros sufrimientos no yace en fuerzas o situaciones externas, sino dentro de nosotros mismos.
Por lo tanto, el budismo enseñaza que la causa y la solución del sufrimiento humano yace dentro de la misma vida de la persona que está sufriendo.
Karma es una palabra sánscrita que significa acción. Se refiere a los actos, palabras y pensamientos que produce una persona.
El concepto de karma se relaciona con la ley de causalidad, es decir, causa y efecto. Todo acto: pensamiento, palabra y acción es una causa que realiza una persona y que genera efectos latentes. Si la causa es positiva, genera efectos positivos, y si la causa es negativa, genera efectos negativos. Esta ley de causa y efecto es inexorable. Es una ley, es como la ley de la gravedad, no importa que uno conozca o no… (las cosas se caen)
Es decir que no hay ningún ser externo o divino que castiga o premia, sino que es el efecto generado por la misma persona.
La enseñanza del karma es muy importante porque marca un punto de superación del budismo con respecto a las doctrinas no budistas. ( es decir, mi vida depende de mí mismo, y de nadie más, la responsabilidad absoluta de mi vida es mía, y yo decido qué quiero hacer con ella)
Si no existiera el karma, todos los seres vivientes tendrían que nacer en igualdad de condiciones, tanto internas como externas, y no habría ninguna forma de justificar las diferencias de los destinos individuales.
Hay dos clases de karma: el mutable y el inmutable.
El karma mutable es aquel que puede ser variado con un esfuerzo tenaz y cuyos resultados son variables, simplemente según las condiciones externas. (Ej.: tengo frío-me pongo un saco- ya no tengo frío. Quiero ganar mejor- trabajo más arduamente- gano más.) Son karmas cuyas causas acabo de realizar, y cuyos efectos ya no más se manifiestan por lo tanto son fáciles de solucionar, o de vencer, o de superar)
El karma inmutable es el que produce resultados fijos o inamovibles, ya sea por la forma o el momento en que se producen.
Es muy difícil, aun esforzándose mucho, que uno logre cambiarlo. Generalmente es el resultado de la repetición de ciertas acciones, buenas o malas, que a fuerza de reiterarse, se fijan como hábitos, que hacen que sus efectos también se repitan.
(Siempre estoy repitiendo los mismos patrones de comportamiento y por lo tanto se va fijando un efecto. Es decir frente a algo que me pasa, yo siempre me comporto de la misma manera, entonces ese resultado ya aparece siempre en mi vida aunque parezca que yo no estoy haciendo nada para generar lo que me pasa)
Veamos ahora en qué plano de nuestra vida está el karma.
Dentro del pensamiento budista existen nueve clasificaciones para las funciones espirituales de la percepción y el discernimiento. Se denominan las nueve conciencias: Las cinco primeras conciencias corresponden a los cinco sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. (Son mi contacto con el exterior, es decir que por medio de los cinco sentidos yo percibo lo que está sucediendo en mi entorno)
La sexta conciencia organiza las percepciones de los cinco sentidos en imágenes coherentes (es decir, yo quito una conclusión de lo que está pasando) y elabora juicios acerca del mundo externo. Por ejemplo, si alguien toma contacto con un objeto hermoso pero que huele mal, naturalmente sentirá rechazo por él. Tal juicio se genera en la sexta conciencia. Todos los seres vivos dotados de una sistema nervioso central, sea este simple o complejo, poseen la sexta conciencia. (por ej. El bicho que uno le toca levemente y se enrosca)… y se amplía aun más… el yukerí, y sus plantitas parientes (los que tenemos juventud acumulada recordaremos un dicho emboty la oke hake ou pa’i se cierran sus hojitas
La séptima conciencia denota el poder de pensar y de reflexionar. Mediante conceptos o sistemas de pensamiento que están más allá de la percepción de los cinco órganos de los sentidos, se puede ponderar cuidadosamente la orientación de la existencia y el significado de los fenómenos relativos a la vida diaria, para actuar en consecuencia. (Mi propio concepto de las cosas, mi filosofía, mi religión),
Este nivel de conciencia incluye la percepción del yo y la identificación con él, asimismo implica la capacidad de distinguir entre el bien y el mal.
La octava conciencia se denomina alaya. El término significa “depósito”. Lo que indica que todas las experiencias de la vida presente y de existencias pasadas –el karma- están almacenadas en esa conciencia. La totalidad de las acciones y experiencias vitales que se generan en las primeras siete conciencias se acumulan como karma en la conciencia alaya, que, al mismo tiempo, ejerce su influencia en las actividades de la séptima conciencia.
El concepto freudiano del inconsciente tiene una cierta similitud con este principio. El inconsciente acumula las impresiones percibidas por la mente y, simultáneamente, origina nueva actividad mental.
Todas las acciones de la vida, que responden a la ley de la causalidad, surgen del ámbito de la octava conciencia. Esta constituye el marco en que se desarrolla una existencia individual.
La novena conciencia, fundamento de todas las funciones espirituales, es la conciencia amala. El término amala significa “pura” “inmaculada”. Así como la conciencia alaya contiene impurezas “kármicas” la conciencia amala, que yace en las profundidades más recónditas de la vida, se mantiene prístina, libre de cualquier mancha turbia proveniente de existencias pasadas. Nichiren Daishonin definió la novena conciencia como Nam-myoho-rengue-kyo, es decir, la naturaleza fundamental de Buda, que se extiende desde el infinito pasado hacia el futuro eterno. (Significa que el karma es el resultado de una actividad previamente concebida…, pero el estado de buda extraemos de un lugar limpio de cualquier interferencia, (la palabra prístino…).
(Conlusión para terminar sobre karma)
Con este nuevo conocimiento sobre el karma llegamos a una muy importante y actualizada conclusión:
El karma ya no es algo del pasado que marca mi presente. Para el Budismo de Nichiren Daishonin el karma es algo del presente que marca el futuro. Por esto ahora utilizaremos el karma como la victoria del momento actual. (Ahora yo tengo que decidir cómo me va ir en mi futuro, ahora yo voy a decidir cuál va a ser la corrección de mi rumbo. (CONOCETE A TI MISMO)
Karma es la garantía de que si uno triunfa el día de hoy, como efecto sin falta va a ser feliz.
Karma es futuro.
BENEFICIO
Todos los beneficios que se conocen como "mundanos" se manifiestan como prueba concreta de felicidad, en la misma medida en que hemos podido elevar nuestro estado de vida. Eso concuerda con el principio de inseparabilidad de la vida y su entorno; que establece la estrecha relación entre el individuo y su ambiente circundante, y señala que el segundo (el entorno) es "un reflejo" del primero (la vida).
Beneficio no es algo "concedido" externamente, se puede alegar que se genera desde dentro de la propia vida. Es algo inherente a la acción positiva.
Pretender obtener beneficios desde afuera de la propia vida sería como si alguien quisiera que un espejo lo reflejara rubio, o con los ojos claros o la nariz pequeña, aunque esa persona no poseyera ninguna de tales características. Solo podrá obtener el beneficio de estar más lindo, es decir, producir el bien, a través de corregir lo que siente que lo afea –afeitarse o dejarse crecer la barba, maquillarse el cutis -, lo cual equivaldría a eliminar el mal. Y la utilidad del espejo sería permitirle verse para embellecerse.
Es por ello que, básicamente, elevar nuestro estado de vida es el fundamento de todos los beneficios.
Hay una concepción generalizada que entiende que beneficio debe ser algo concreto, material, algo que debe poder verse: una casa más grande, un auto más nuevo, la pareja deseada, etcétera.
Otra perspectiva más espiritual sostiene que desear beneficios materiales es "vivir siempre pendiente de tener esto o aquello"; que, de esa forma, el consumismo invade nuestra sociedad; y que, en definitiva, tener más o menos cosas no aporta felicidad. Para esa gente, los verdaderos beneficios son los espirituales, llámese: amor, tranquilidad, paz interior, plenitud.
Generalmente, las personas tendemos a pensar de manera dicotómica: o es esto, o es aquello.
El Budismo rechaza cualquier abordaje parcial del tema.
A la luz de esta filosofía, la vida tiene aspectos tanto materiales como espirituales, y ambos elementos no se pueden separar.
Entonces, hemos arribado a la punta del ovillo: no tiene sentido seguir preguntándonos si esto o aquello es un beneficio, o por qué no surge el beneficio, o si tenemos buen karma o mal karma.
Para la persona de fe sólida, todo es beneficio. No son las circunstancias las que deciden si las cosas son buenas o malas; las circunstancias son neutras, y es nuestra actitud hacia ellas lo que les brinda un valor positivo o negativo. La sabiduría para obtener esa actitud existe solo en la fe
Un punto muy importante para considerar es si nuestra acción cotidiana es una causa que puede generar beneficio. Continuando con la óptica budista, existen tres condiciones que deben concurrir en nuestras acciones cotidianas para grabar ese karma inmutable:
1. voluntad clara;
2. continuidad en la acción;
3. acción en bien de los demás.
Las dos primeras condiciones pueden generar tanto karma positivo como negativo. Solo cuando se suma la tercera condición (en bien de los demás), nuestros actos sin falta son fuente de valor o beneficio.
De esa manera, ( por efecto de este comportamiento) podremos establecer la Budeidad como nuestro estado básico de vida; es lo que se denomina hacer nuestra "revolución humana". En dicho estado, no hay circunstancia que nos pueda doblegar; por el contrario, somos capaces de abarcar e influenciar a todo lo que nos rodea. Avanzar en la propia revolución humana es el gran beneficio de la práctica budista.